Si aspiras a 100 obtendrás 80, dice un sabio refrán oriental. Es corriente que las expectativas de logro de una persona se vean reducidas cuando alcanza sus metas. Los obstáculos, las circunstancias, las limitaciones de distinto tipo, son como la fricción del aire que le quita velocidad a un cuerpo en movimiento.
Por eso para lograr 100, hay que aspirar a 120. Por lo menos…
De este planteamiento tan sencillo se puede derivar el éxito profesional de un estudiante.
Si desde pequeño, sus padres le plantean metas altas, él irá rompiendo las barreras de temor, subvaloración, desconfianza, pereza, fracasos, para ir convenciéndose de que puede lograr metas altas y no vale la pena esforzarse por menos.
En el caso de la universidad hay varias metas que se pueden ir planteando para apoyar el camino hacia un título profesional
• Tratar de ser el mejor estudiante posible. Si se puede ser el primero, no conformarse con el segundo. Si se tiene capacidades para estar entre los diez mejores, lograrlo.
• Al hacer los trabajos académicos, tareas, ensayos, exámenes, exposiciones tratar de presentar lo mejor. No conformarse con mediocridades para “salir del paso”.
• Valorar lo intelectual evitando calificativos que degraden la inteligencia. Enseñar que “nerds” o “ratones de biblioteca” no son más


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que motes surgidos generalmente de la envidia y la ignorancia.
• En la vida diaria, darle al estudio el primer lugar en importancia como responsabilidad el joven. Exigir resultados y motivar los logros.
• Vivir diariamente la responsabilidad en todo lo referente a la escuela. No hay excusas para no llevar las tareas a tiempo, o para no leer y estudiar en casa cuando toca.
• Aunque en la familia haya pocos o ningún profesional, mostrar esa meta como algo valioso y posible de alcanzar por el estudiante. Siempre habrá un primer profesional en la familia y es mejor ser graduado de universidad que empírico.
• Darle importancia a programas y actividades que favorezcan la mejora intelectual. No tener miedo de asistir a conciertos de música clásica o exposiciones de arte, museos o ferias de ciencia.
• Conversar con frecuencia sobre la diferencia de ingresos en la todos los años de trabajo entre un graduado de Universidad y alguien que no lo es. Ponerle cifras a la información, ayudará a evitar el inmediatismo.
• Insistir en que terminar la Preparatoria es solo un paso para comenzar la etapa más definitiva en la vida de una persona: su formación superior.
• Explicar como los casos de comerciantes exitosos que surgieron con puro instinto de negocio y sin educación, son casos excepcionales y cada vez más difíciles de encontrar.
Muchas veces, los padres se pueden sentir intimidados para exigir a sus hijos algo que ellos no lograron. ¿Cómo le exijo que piense en ir al College, si yo escasamente terminé la primaria? puede pensar un padre que no tuvo más oportunidades. Sin embargo, este es un obstáculo ficticio que hay que derrumbar. El padre que no pudo tener una mejor educación, no debe limitar a su hijo a su misma falta de preparación. Todo lo contrario, porque le ha tocado vivir la vida dura de no tener una profesión universitaria, podrá exigir sin temor que sui hijo se prepare mejor.
En la medida en que los padres estimulen, motiven y exijan a sus hijos a buscar una educación superior, estas metas se harán más “comunes” en el hogar y se verán más probables de alcanzar.
El respaldo que los padres den a las aspiraciones altas de los hijos son un gran apoyo para alcanzar esas metas.